«Al igual que los “bilbainos” nacen donde quieren y Bilbao es el epicentro del mundo, el Casino de la Amistad es por derecho propio un lugar de Madrid».
Lugares de Madrid: El Casino de la Amistad. Por Diego Pardos

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«Al igual que los “bilbainos” nacen donde quieren y Bilbao es el epicentro del mundo, el Casino de la Amistad es por derecho propio un lugar de Madrid».

Tras la desgarradora interpretación de la hija del Txato en “Patria” (adaptación al cine de la novela de Aramburu), Susana Abaitua hace el difícil papel de una agente de los Servicios Especiales de la Guardia Civil infiltrada en ETA.

«Quizá sus métodos puedan considerarse algo excesivos, pero vamos, chiquilladas al lado del sufrimiento del girasol bajo el efecto invernadero o el ordeño de la vaca».

«Entre beso y trago, los jóvenes se fueron enterando de toda la conversación: había un plan en marcha para atacar el Museo Naval. Paula y Lorenzo eran agentes del CNI».

«El humor napolitano ha hecho imprimir en papel higiénico las caras de famosos gobernantes, entre ellos Pedro Sánchez y la propia Meloni».

«El problema de los calcetines es controvertido y no carece de interés».

«Aprovechemos el templado anteotoño: vendrán luego las grullas, los Difuntos, los camposantos y los gélidos atardeceres».

«El problema de la paulatina sustitución -y dominio- del hombre por la máquina es un asunto fundamental en la obra de Ernst Jünger».

«No humilla quien quiere aunque tenga mala baba. Aunque tenga la soberbia contra la que se alza España».

«Ya lo saben: acudan a comprar La Bomba y exhiban el continente con alegría, estarán igual de encantados que al homenajear a doña Fedra Lorente sacando una vistosa foto de la Bombi».

«El toreo a pie es al arte lo que la División Azul fue a la guerra: dos modos españoles de tentar la muerte y encontrarse a uno mismo».

«Los de tierra adentro llevamos en estos días interminables noches de mosquitos homicidas e incendios criminales».

«Según lo planeado, don Isidoro tomó un taxi rumbo a Benidorm y en plena temporada se alojó en una lujosa habitación, en la planta 14 del Gran Hotel Fary».

«Estreché la mano de este don Isidoro que entendía que una cosa es que lo abandonen a uno y otra cosa es abandonarse uno mismo».