«Escribir una columna, tan efímera como el avión de papel lanzado por el niño que observa palpitante su incierto vuelo».
Escribir una columna. Por Diego Pardos

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«Escribir una columna, tan efímera como el avión de papel lanzado por el niño que observa palpitante su incierto vuelo».

«Que no es necesario ser de Madrid para ser madrileño y que no es preciso haber pisado España para sentirse un español de corazón y alma».

No sé qué nos pasa a los españoles. Estamos todo el día con el ceño fruncido y no veo solución para el mal humor.

Parece como si la sociedad en la que convivimos estuviera condenada a oír -cualquier cosa- y a no escuchar casi nada, tal es el atropello sonoro que padece.

No puedo dejar de imaginarme a una María Durán colegial haciendo burlas, pongamos que sacando la lengua en clase y de sus casillas a don Federico.

Si la normativa vigente se lo permite, ya tienen ustedes otro interesante sitio para su próxima visita a la Villa y Corte que yo he llamado ayupiso.

Lloverá en este Sábado Santo o Sábado de Gloria y el cielo, gris, mandará recogernos en el día del silencio, en el día de la introspección.

No es menos cierto que la concupiscencia alimentaria del bigotudo animal se ha asociado recientemente también a la actividad sindical.

En la vida pública figuran “los peores” y estamos hartos de verlos hasta en sueños, y no podía uno faltar a la cita con los mejores. Con la mejor, en este caso.

En su próximo viaje a Madrid visiten (además del Museo del Prado, el Santiago Bernabéu o el Valle de los Caídos) La Garbancita Ecológica, en el Puente de Vallecas.

Hace un siglo hubo una época muy precipitada. A consecuencia de ello y de llover con abundancia aparecieron unas terribles goteras en el palacio de la Academia.

Sobre la asistencia a la Academia he encontrado unos datos muy interesantes escritos -y muy bien- por Josefina Carabias en 1950.

Cuando medio país -antes llamado España- pasó De camisa vieja a chaqueta nueva (1977), el hombre del 23-F permaneció fiel a sí mismo.

Ente tanto pedo o ventosidad, tantos eructos y tanta zorra recuerdo otras manifestaciones culturales pretéritas, como el célebre zapatazo de Norma Duval.