Con la llegada del niño Jesús llega la fuerza de la Navidad que para las guerras haciendo tregua y se desean dichas, incluso los enemigos.
La fuerza de la Navidad. Por Rodolfo Arévalo

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Con la llegada del niño Jesús llega la fuerza de la Navidad que para las guerras haciendo tregua y se desean dichas, incluso los enemigos.

Independientemente del sentido religioso o no que cada cuál le quiera dar, es indiscutible que la Navidad es la gran fiesta de la familia.

Me fastidia ver cómo más de cuarenta años después de la desaparición de un dictador se nos esté subiendo a la chepa otro igual o peor.

Dicen que el PP utiliza las togas para asaltar el Congreso al estilo de Tejero. Eso además de una acusación falsa y mezquina es un libelo.

El mundo en general se va transformando y no en el sentido de una mayor libertad de las personas, sino más bien, en su uniformidad.

Estamos ya un poco hartos de oír hablar de acuchillamientos, incluso de disparos entre jóvenes de muy tierna edad, alrededor de los quince años.

¿Por qué he gastado mi tempo en saber leyendo ensayo, divulgación científica y pensamiento si luego no tienes a nadie con quién hablar, debatir y reflexionar?»

España es un circo, un puto circo en manos de políticos aficionados y de empresas depredadoras, además de bancos recaudadores y usureros.

Profunda vergüenza de un pueblo que es incapaz de arroparse en su bandera o vestirse con ella por miedo a ser acusado de fascista o ultraderechista.

Creo que todos sabemos a qué me refiero cuando hablo de neurosis y psicopatías. Con la política hemos topado amigo Sancho-

Esta claro que los okupas tienen la cara más dura que se haya visto jamás, así como un morro, que no se pisan, pisan el de los propietarios.

No era un quiero y no puedo, era un quiero porque me da la gana. Puestos a hacer el ridículo ¿qué más dan los atuendos?

Si algo vale de las personas es su palabra y su integridad. Todo lo demás es accesorio como en esencia es su sanchidad, el perjuro de España.

Con este gobierno, tan bueno, social, igualitario, comprensivo y tan acogedor de inmigrantes, los españoles vamos de culo y cuesta abajo.